Las Ratas
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Las Ratas

Había una vez un edificio normal como cualquier otro; con deudores morosos, vecinos amables, vecinos amargados, problemas con la administración, fiestas a deshoras, reuniones incomodas de propietarios, viejas chismosas y todo lo que a Ud. se le ocurra puede pasar dentro de un edificio.

En uno de los apartamentos vivía un viejito retrogrado más o menos visceral que quería que todo se hiciera como a él se le daba la gana, tenía una pinta bonachona y un acento arriero, pero su carácter “único” lo hacía actuar sin conocer los puntos grises; se llamaba Álvaro y retóricamente se levantaba a las 5 am y se acostaba a las 9 pm realizando casi siempre como un robot las mismas acciones durante el día.

Don Álvaro tenía un problema que le incomodaba realmente y era que por alguna extraña razón y circunstancia su apartamento vivía cundido de ratas, lo había intentado todo pero no había podido acabar con la plaga y aunque sus métodos eran “salvajes” siempre seguían apareciendo los dichosos bichos.

Pero don Álvaro tal vez por su edad o quien sabe que, nunca había contado con la ayuda de un fumigador profesional y ante la “mamera” de la situación decidió darle paso a la “tecnología del veneno”.

A su casa llegó Juan, un hombre mañoso con cara de mapache quien prometió erradicar las ratas sin problema y gustoso don Álvaro accedió para que iniciara su labor; el veneno y los gases era algo que incomodaba a don Álvaro así que se apartó de la logística y dejó que Juan actuase como fuera.

Juan echó mano de todo su poder y arrasó con los animales, sin embargo en medio de la locura notó que los animales se traspasaron al 201 y pensando en que podrían ser ratas mamá que podría volver a regenerar más animales decidió darle búsqueda al bicho sin contemplación.

Juan de un portazo abrió la puerta del vecino y entre gases y palazos destruyó la sala del apartamento pero finalmente despedazo al animal; los daños materiales y el poder de los gases no causaron efectos “devastadores” pero digamos que la pequeña salita de entrada del vecino quedó vuelta mierda y obvió con el cadáver nauseabundo del animal que arrastrándolo se llevó, dejando el hilito de sangre en el piso.

Rafael era el vecino del 201, era un tipo cansón y dicharachero pero de esos tipos que muy al estilo de las amas de casa se la pasan viendo novelas y chismorreteando con pensamientos pequeños y visión obtusa; sin embargo era trabajador como cualquier otro y pese a su carácter, no se le podía reprochar algo distinto.

Rafael mamado de trabajar llegó a su casa y encontró ese cuadro incómodo de destrucción y obvio como cualquier persona de 2 dedos de frente haría entró en cólera; el hilito de sangre llevaba su rastro al 200, entonces fue a recriminarle a don Álvaro “el chistesito” y obvio este a su vez defendió a su fumigador porque finalmente él, es quien le está pagando.

Don Álvaro le explicó que le estaba haciendo un favor, de hecho si él nunca pudo fumigar a todas las ratas es porque posiblemente en el 201 habría otros nidos y se le pasaban, pero Rafael le dijo que independientemente de la fumigación ¿quién respondería por los daños? y ¿en qué momento su apartamento se convirtió en una extensión del vecino como para volverlo una melodía? .

Cuando se habla duro obvio los vecinos escuchan y había un sujeto de esos costeños re-mamones, medio sucios, que gritan pa´ saludarse de esquina a esquina y hacen farras a diestra y siniestra y obvio no los quiere ninguna señora del edificio, pero como es un poco picarón y chistoso trata de caer en gracia regalando trago y presentando mujeres a sus vecinos pa´ que no lo jodan tanto; ese tipo era Hugo y en calzoncillos “salió de sapo” a parar la vaina.

Como Hugo una vez borracho secuestro a Rafael pa´ llevárselo donde las prostitutas y no iba con el amargo del otro viejo, salió a defender al del 201, sin siquiera saber porque estaban peleando… y como por variar todo terminó en una gritería desagradable de 3 personas que no saben escuchar.

Finalmente tuvo que intervenir la administración quien paciente tiene que dedicarse a estos líos vecinales aunque a veces parezcan circenses; esta determinó que si bien las ratas son de don Álvaro no le dan derecho a volver pedazos los apartamentos ajenos y si bien Rafael tuviese ratas en su morada pues si no le incomodan que se quede con todas ellas a menos que estas ratas se pasasen a otros apartamentos y ahí si la administración tendría que actuar y obligar a Rafael a hacer algo al respecto… es decir cada cual con su aseo y con sus ratas, cada cual preocúpese por lo suyo, esos “favores” de limpieza tampoco son buenos porque después se pasan las cuentas de cobro dijo la Admon.

Como Rafael vió que ya no le iban a responder por nada pidió que si por lo menos el fumigador se hacía responsable pero como este se perdió y Álvaro ya le había pagado, todo quedó en una frase típica de los viejitos cuando se ven acorralados: “fresco, yo le respondo después”.

El edificio después de eso sigue tal cual: odios, amores y las farras inmamables del “costeño” que no sabe que es propiedad horizontal y no respeta a los demás y aparte de todo se mete donde no lo llaman; Álvaro se mamó de los vecinos y espera largarse dicen que incluso le cedería el apto a su fumigador con quien se hizo muy buen amigo y pues Rafael en lo suyo, de galán y novelero.

Pero como la hierba mala, aunque escondidas, las ratas siguen existiendo, algunas migraron, otras se quedaron, pero nadie se preguntó como fumigarlas en equipo y con un plan organizado. A lo mejor en los problemas vecinales nunca hay solución, deberían ellos mismos sin la ayuda de nadie tratar de sentarse y llamar al orden pero debe ser la amargura del “viejito” o la “música” bullosa del costeño la que tiene embebido al edificio.

0 Comentarios desactivados en Las Ratas 479 18 mayo, 2010 Blogs mayo 18, 2010

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